El sereno: vigilante nocturo, medicina humoral, ambos en la raiz del mito animista
1. Delimitación de las fronteras espaciales, temporales y materiales del mito
El estudio del sereno en la cultura popular colombiana requiere establecer su estatus de mito funcional a través de una rigurosa delimitación de sus márgenes operativos. Este fenómeno no constituye una creencia difusa, sino una estructura animista regulada por tres fronteras estrictas que definen su ontología:
Frontera Espacial (La intemperie desprotegida)
El mito se circunscribe de forma exclusiva al espacio exterior habitacional o rural (la calle, el patio, el cultivo). El sereno no se genera en el interior domesticado; requiere la exposición directa al cielo abierto, delimitando el “afuera” como el territorio de su jurisdicción.
Frontera Temporal (El umbral crepuscular)
El fenómeno está encadenado a una coordenada cronológica rígida. Su presencia no se vincula a las bajas temperaturas del mediodía andino, sino que emerge estrictamente en el tránsito del crepúsculo y se disuelve con el amanecer, gobernando la liminalidad de la noche.
Frontera Material (La sustancia gélida)
El mito dota de corporeidad y peso a lo invisible. El sereno se experimenta como una materia húmeda, fría y penetrante que posee la capacidad física de invadir el organismo aprovechando la vulnerabilidad del poro abierto.
A través de la fijación de estas tres fronteras, el mito queda delimitado como un código de ordenamiento ambiental que establece cuándo, dónde y bajo qué condiciones la naturaleza nocturna se torna hostil.
2. El punto de partida: El velador nocturno colonial y su función punitiva
La delimitación anterior cobra sentido histórico al analizar el punto de partida de la transmutación: el oficio del velador nocturno colonial. Durante los siglos XVIII y XIX, el sereno era un funcionario civil, un agente para-policial encargado de encender el incipiente alumbrado público y patrullar las calles.
Como documentan Cordovez Moure (1893) y Ortega Ricaurte (1970), estos operarios ejercían un control físico directo sobre la población, armados con un chuzo —lanza corta con punta de hierro— o una macana. Al recorrer las esquinas y cantar las horas (“Las doce de la noche y todo sereno”), el vigilante ejecutaba un bando de policía y un toque de queda implícito. Quien permanecía a la intemperie bajo su mirada se convertía en un sujeto sospechoso y punible. La naturaleza original del sereno era, por lo tanto, estrictamente humana, institucional y coercitiva.
3. El puente histórico: La medicina humoral del siglo XVIII
La transición entre ese funcionario de carne y hueso y la figura nociva del mito no ocurrió de manera directa, sino que cruzó obligatoriamente por el tamiz de la medicina humoral del siglo XVIII. Como establece Cayón Armella (1983), la Corona española y los médicos ilustrados introdujeron formalmente en la Nueva Granada los esquemas de la ciencia médica europea, basados en el equilibrio de los fluidos internos y la influencia térmica del entorno.
Bajo esta lógica científica de finales de la Colonia, el cuerpo humano se asumía como una entidad porosa cuya salud dependía de evitar choques térmicos drásticos. La población asimiló este saber académico, construyendo la noción del “cuerpo acalorado” u organismo en estado de “apertura” debido al trabajo físico, la cercanía al fogón o el lecho doméstico. La medicina humoral del siglo XVIII proveyó el puente conceptual exacto: enseñó a la comunidad que el aire de la noche era una sustancia fría capaz de penetrar los poros dilatados y romper la homeostasis del cuerpo. El terreno mental quedó configurado para asociar la intemperie nocturna con una agresión material inminente.
4. La transmutación ontológica hacia el animismo
La extinción progresiva del oficio de velador civil —provocada por la automatización del alumbrado a finales del siglo XIX— detonó la transmutación ontológica final. Al desaparecer el operario humano de las esquinas, la estructura del mito no se disolvió, sino que operó un desplazamiento de naturalezas: los atributos de control, vigilancia y castigo del funcionario estatal fueron transferidos e inyectados dentro de la matriz física de la noche humoral.
El lenguaje popular fusionó el nombre del vigilante con el fluido atmosférico que caía durante sus rondas. Mediante este proceso, el sereno sufrió una mutación en su modo de ser, transitando del plano civil al plano del animismo ambiental. Al respecto, Gutiérrez de Pineda (1961) documenta que la mentalidad tradicional colombiana dejó de concebir el fenómeno como una simple condición climática para personificarlo como “un fluido dinámico, un agente ambiental […] que posee cualidades frías y nocivas” (p. 42). El sereno devino en un ente vivo, consciente y punitivo que asumió el rol del antiguo guardia.
5. Conclusión: El pasmo como sanción anatómica
El destino final de esta transmutación ontológica se manifiesta en la patología del “pasmo”. El chuzo de hierro del celador colonial fue sustituido por la rigidez de la carne. Cuando un sujeto comete la transgresión conductual de exponer su “cuerpo acalorado” a las fronteras materiales de la noche, el ente del sereno ejecuta su castigo.
Como detalla Gutiérrez de Pineda (1985), el contacto abrupto con la intemperie permite la introducción de esta materia fría, “produciendo el estancamiento, el pasmo o la parálisis” (Vol. I, p. 118). La parálisis muscular o la desviación de las facciones no son interpretadas por el saber tradicional como accidentes biológicos fortuitos, sino como la sanción anatómica directa de una entidad animista que heredó la vieja vocación policial de vigilar las calles y forzar, a través de la enfermedad, el resguardo de los cuerpos en el hogar.
Referencias
Cayón Armella, E. (1983). Conceptos de la medicina popular en Colombia, prevalecientes en la medicina científica europea de los siglos XVI a XVIII. Boletín de Antropología, 5(19), 13-28.
Cordovez Moure, J. M. (1893). Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá. Imprenta de “El Tradicionista”.
Gutiérrez de Pineda, V. (1961). La medicina popular en Colombia: razones de su arraigo. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Sociología.
Gutiérrez de Pineda, V. (1985). Medicina tradicional en Colombia: el triple legado (Vols. 1-2). Universidad Nacional de Colombia.
Neira Acevedo, J. I. (1867). El sereno de Bogotá. Novela histórica. Imprenta de la Nación.
Ortega Ricaurte, E. (1970). Historia de la Policía de Colombia. Academia Colombiana de Historia.
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Rafael Dimitri Guzmán Camacho
Estudió Cine. ejerció como diseñador, obrero en taller de artistas, gestor cultural. Ha realizado acompañamiento en procesos creativos con artistas. Apoyo a la gestión y creación en ONG culturales. Creador de contenido. Webmaster.
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